NOTA A JUAN REY  de la Revista Centros Acción Barrial.

UNA VIDA ENTRE EL DEPORTE Y LA SOLIDARIDAD.

Aunque no nació en estos pagos, la siente propia, vive por ella y sueña con que algún día entre todos la transformemos en la ciudad que merecemos. Ese es Juan Rey, quien después de transitar muchos caminos, eligió la política para “devolverle la sonrisa a Mar del Plata”

¿Porque eligió Nueva Acción para incorporarse al mundo político?

Fue el lugar que a mí me pareció que me iba a hacer sentir mucho mejor. Siempre fui fundador, porque siempre me gusto o crear o estar en espacios nuevos, donde uno todavía le puede dar la impronta de su personalidad. Cuando uno va a lugares que están desde hace mucho tiempo ya tiene toda una historia y una forma de ser. Todos los espacios en que estuve, casualmente, han sido muy humildes y todo se ha hecho a base de esfuerzos, eso hace que a uno se le genere un cariño muy especial y diferente. Me gusto la gente, me gusto el lugar, me gustó la idea, un partido vecinal nuevo con otras posibilidades. Creo que conseguí el lugar que quería.

¿Cómo fue su primera experiencia en una campaña política?

Me encanto, de hecho ahora me siento extraño. Sentí que realmente estuve muy respaldado, que me tuve que dedicar solo a ser Juan Rey, todo lo demás me lo solucionaron mis compañeros. Tuve una espalda muy ancha de organización, no hubo un solo evento donde no hubiera un compañero conmigo. Lo disfrute mucho y aprendí mucho, de los ellos, de los “gauchos de a pie” esos que te dan esas impresiones tan sabias. Realmente me pareció una experiencia increíble, por eso me siento tan bien, pese a haber perdido.

¿En una vida tan ligada al deporte, siente que este enseña solidaridad?

Sí, claro. Siempre pongo al club después de mi familia. Empecé a ir al club a los 6 años, después me profesionalicé y me fui a otros clubes y volví para terminar mi carrera con quien en algún momento habían sido mis alumnos, porque yo fui jugador, técnico, padre de jugadores y después vicepresidente 10 años y presidente otros tantos. Creo que pase más tiempo en el Club Unión que en mi casa. Para que realmente un equipo funcione, primero tiene que ser justamente eso: un equipo y la otra cosa es la solidaridad la falta de egoísmo. Yo comprendí que si uno quiere ser campeón, necesitas que cada uno del equipo resaltara en su posición.

¿En una época tan complicada como la actual es posible lograr que el deporte sea un canal para la inclusión?

Había un gran plan a futuro con el EMDER y con la secretaria de cultura, cuando nosotros nos fuimos de la secretaria había 13200 chicos con los que trabajábamos, hoy están en las calles, y otros miles en deportes. Ahí es cuando corremos el peligro que esos chicos en vez de elegir el deporte, elijan cosas muy peligrosas. En Unión, por ejemplo, tenemos becas para los chicos que no pueden pagar la cuota y otras para chicos con discapacidad, pero ellos en particular siempre jugaron con las mismas condiciones que los demás, como el reflejo más claro de inclusión. Al punto que hoy uno de ellos integra la Selección Argentina de Básquet en silla de ruedas.

¿Los Polideportivos son un sinónimo de inclusión deportiva?

Cuando armamos los Polideportivos, pensamos no solo lo deportivo sino también lo social, por eso se consultó exclusivamente a la gente del barrio que era lo que quería hacer dentro del Poli, porque cada barrio tiene su propia idiosincrasia, así se dio que por ejemplo el de Libertad, tenga un Zoom para fiestas de quince, casamientos, que iban a ser cedidos a los vecinos que no tuvieran la posibilidad de alquilar un salón para estos eventos. Hoy está todo abandonado, convertido en un depósito de artículos deportivos en desuso. Ni hablar de los que no fueron abiertos, uno puede pensar, si no hay plata para terminar la pileta, tapia ese lugar, utiliza las canchas, utiliza el resto de los salones; y habla con la empresa constructora para refinanciar la deuda que existe y así seguir adelante.

¿Que estén cerrados es una cuestión de falta de gestión municipal o hay algún motivo más?

Si, decididamente falta gestión en todo, salvo en algunos casos puntuales, después en general me parece una gestión muy mala, con muchos recursos a pesar de las quejas continuas sobre falta de dinero, con mucha ayuda para obras, se han subejecutado muchas obras. Nosotros en Nueva Acción hablamos de sentido común y prioridades y el caso de los dos polideportivos cerrados cumple con esos dos requisitos. Lamentablemente la polarización política ha hecho que uno tenga que decir: esta decisión política esta de un lado o del otro, y definitivamente esta decisión no está del lado de los que menos tienen.

¿Cómo se puede, desde los barrios, reemplazar estos espacios, tan necesarios para los más jóvenes principalmente?

Hoy en día el barrio se sostiene, en la parte social, desde el tercer sector, la sociedad de fomento, algún club chico de barrio, los propios padres organizando el club de futbol, hockey. Por ejemplo esta la Agrupación Centenario que tiene “Los Toritos” y “Las Toritas” en equipos de futbol y básquet, son grupos de padres que le ponen la vida para poder sostener a los chicos, le dan una copa de leche. Uno va a una sociedad de fomento como la de Acantilados y encuentra folclore, yoga, actividades para grandes y chicos. También creo que las escuelas deberían abrirse para este tipo de actividades, como las murgas donde intervendrían los propios alumnos de las escuelas, pero debido a la falta de horas extras no hay porteros. Se van cerrando todas las puertas, entonces todo queda en manos de la voluntad del tercer sector.

¿Cómo ve el hecho de que muchas veces la sociedad termina haciendo trabajos solidarios para cubrir bache que el Estado ha dejado?

Muchas veces me lo he planteado, si uno le soluciona problema al Estado, se termina generando una situación de aprovechamiento por parte del Estado, quien termina usando el dinero para otras cosas y no para lo que realmente debería destinarse. Seguramente si se cumpliera con todo, mas deporte, mas cultura, mas educación, mas salud; que son todos derechos no una dádiva, habría muchos menos comedores, muchos menos lugares donde practicar la solidaridad. Y el gran problema es que como todos la estamos pasando mal, hay mucho menos para donar, desde la gente común hasta los empresarios que también están viendo reducidas sus posibilidades. Se hace muy difícil sostener el tejido social si algo no cambia rápido.